Hace unos días, en el trayecto que va desde el colegio hasta casa, mi pequeña Alicia me contó el sueño que tuvo la noche anterior:
-Mira Papá, en el sueño podía volar. Cuando no me veía nadie volaba todo lo alto que quería, pero cuando había gente cerca, sólo lo podía hacer hasta esta altura -dijo, izando la mano por encima de su cabeza. -y continuó:
-Era estupendo, que bien lo pasaba. -¡Ay! Papá daría la vida por poder volar.
-Alicia, acabas de decir una tontería: si dejaras de vivir no podrías volar.
Y con la cadencia de quien todo lo sabe, me respondió:
-¡Hijo! Papá, es una forma de hablar...

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