-Papi, si te quitan todos los puntos, ¿cuánto tiempo te quedas sin poder conducir?
-¡Huy cariño!, al menos dos años.
De lo que a continuación me preguntó, se desprende que se acordaba perfectamente de la conversación de días pasados:
-¿Y es muy difícil el examen ése que tendrías que hacer?
-Más que el examen, lo peor sería el engorro de tener que acudir a una academia para que te dijeran lo que en teoría se debe saber.
-Yo por eso desde que me lo contaste, siempre me pongo el cinturón de seguridad, para que no te quiten los puntos. Nada me gustaría menos que qué no pudieras llevar tu coche.
Mis sospechas eran acertadas: colocando el retrovisor para tener toda la perspectiva de su pequeña figura, observé que su cinturón de seguridad no estaba abrochado. Nos miramos a los ojos a través del espejo y socarronamente dijo:
-¡Jo papá! para una vez que no me lo abrocho...
-No olvides nunca ponerte el cinturón, incluso en los trayectos cortos. Es muy importante. -dije riñéndole-.
Inmediatamente se los puso, prometiendo hacerlo siempre.