El asiento elevador de color azul y estampado
con dibujos de ositos instalado en mi coche, será el detonante del sueño que en su alegre despertar
me cuenta mi pequeña Alicia:
Debido a
una súbita inundación, este práctico utensilio, se convirtió en un flotador que
crecía y crecía al paso de los animales que yacían moribundos en el agua. Alicia,
subida a ese flotador, sanaba a todos esos animales que luego la acompañarían en
esa improvisada embarcación. De pronto, la fuerte corriente existente, transportó a todos hasta la soleada casa
de Blancanieves y los Siete enanitos, en cuyos alrededores iban quedándose, completamente curados, todos
los animales. Sólo un cachorro de tigre se convertiría en la mascota inseparable de Alicia. Una vez en la casa, se encontraron a
Blancanieves y a su madrastra que le daba a comer la manzana envenenada. En ese
momento, Blancanieves mordía el fruto y caía sobre la cama. Mientras la madrastra huía, Alicia aprovechó para dar unos fructíferos golpes en la
espalda de Blancanieves, quien después de toser unas cuantas veces, expulsó ese
trozo de manzana malvada.
El capricho de los sueños hizo que Alicia viera en Blancanieves
a su amiga Candela y que la perversa madrastra fuera la viva imagen de una maestra de su "cole" cuyo nombre jamás
revelaré.
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