
Hoy, mi pequeña Alicia, quería escamotear su ducha diaria.
Perfecto. Su madre, confundiendo el día de la semana, dice:
-Vale, como hoy no has tenido gimnasia, no importa.
Yo no la veía, pero imagino la cara de satisfacción que en aquel momento tendría esa granuja.
Pero pasó lo que tenía que pasar, y esto es que yo, al oir tal negación, puntualizo y digo:
-¿Cómo que no?, hoy es martes y sí ha tenido su clase de gimnasia...
¡Ahhh!. El grito fue desgarrador:
-Papá, tú siempre me arruinas la vida...
Claro está, que mientras ella lloraba yo reía.
Mas quizá los duendes y tal vez el Niño Jesús, sabrán los
motivos por los que la terrorífica ducha, al final, no existió.
Sólo sé que, pasado el berrinche, me pidió su beso de bue-
nas noches.
-Buenas noches, mi niña, mañana será otro día.